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martes, 5 de mayo de 2015

LIBROS MALDITOS

EL MANUSCRITO VOYNICH


El manuscrito Voynich es un libro ilustrado, de contenidos desconocidos, escrito hace unos 500 años por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible, el denominado voynichés.
A lo largo de su existencia comprobada el manuscrito ha sido objeto de intensos estudios por numerosos criptógrafos profesionales y aficionados, incluyendo destacados especialistas estadounidenses y británicos en descifrados de la Segunda Guerra Mundial. Hasta febrero de 2014 ninguno había conseguido descifrar una sola palabra. Esta sucesión de fracasos ha convertido al manuscrito en el Santo Grial de la criptografía histórica, pero a la vez ha alimentado la teoría de que el libro no es más que un elaborado engaño, una secuencia de símbolos al azar sin sentido alguno.
En febrero de 2014, Stephen Bax, profesor de la Universidad de Bedfordshire (Reino Unido), anunció haber descifrado el manuscrito en forma parcial.
Sin embargo, el que cumpla la ley de Zipf (que establece que en todas las lenguas humanas la palabra más frecuente en una gran cantidad de texto aparece el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera más frecuente, el cuádruple que la cuarta, etcétera) hace pensar que se trata no sólo de un texto redactado en un lenguaje concreto, sino también que ese lenguaje se basa en alguna lengua natural, ya que los lenguajes artificiales, como los élficos de Tolkien o el klingon de Star Trek, no cumplen esta regla. Es prácticamente imposible que el autor del manuscrito Voynich conociera dicha ley, enunciada varios siglos después, y que por tanto la aplicase a una lengua inventada por él.
El nombre del manuscrito se debe al especialista en libros antiguos Wilfrid M. Voynich, quien lo adquirió en 1912. Actualmente está catalogado como el ítem MS 408 en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale.
En 2009, investigaciones de la Universidad de Arizona (EE.UU.) demostraron, mediante la prueba del carbono 14, y con una fiabilidad del 95 %, que el pergamino del manuscrito podía datarse entre 1404 y 1438.Por otra parte, el McCrone Research Institute de Chicago demostró que la tinta fue aplicada no mucho después, confirmando así que el manuscrito es un auténtico documento medieval.
Sobre el lugar en que pudo haberse escrito, existen pocas pistas. En una de sus ilustraciones aparece una ciudad amurallada, y son sus almenas dibujadas las que aportan una orientación. Su forma es la de las almenas llamadas de cola de golondrina, un estilo estético que, más tarde, en el Renacimiento, se popularizó por toda Europa, pero que en el momento en que se supone que se elaboró el manuscrito, según los últimos estudios de la Universidad de Arizona, solo se podía encontrar en el norte de Italia, quizá en la amplia región entre Milán y Venecia.
Según estudios publicados en 2014, por el botánico Arthur Tucker de la Universidad Estatal de Delaware, el origen del manuscrito podría ser mesoamericano. Esta teoría se basa en la similitud de algunas plantas ilustradas en el manuscrito con sus contrapartes americanas y en el hecho de que el estilo con el que están realizadas dichas ilustraciones concuerda con el estilo usado en ilustraciones botánicas del siglo XVI en México.

El libro tiene alrededor de 240 páginas de pergamino, con vacíos en la numeración de las mismas (la cual es aparentemente posterior al texto, quizás del siglo XVI), lo que sugiere que varias páginas se habían extraviado

ya antes de su compra por Voynich. Para evitar extravíos posteriores, el padre Theodore C. Petersen lo fotocopió en 1931, repartiendo dichas copias entre varios investigadores interesados en su estudio e intento de traducción. Se utilizó pluma de ave para escribir el texto y dibujar las figuras con pintura de colores; según se puede apreciar, el texto es posterior a las figuras, ya que en numerosas ocasiones el texto aparece tocando el borde de las imágenes, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas posteriormente.


El texto (llamado voynichés) fue claramente escrito de izquierda a derecha, con un margen derecho desigual. Las secciones más largas se encuentran partidas en párrafos, a menudo con "viñetas" en el margen izquierdo. No hay evidencia de signos de puntuación.
El texto es fluido, como si el escriba entendiera lo que estaba escribiendo mientras lo hacía; el manuscrito no da la impresión de que cada carácter haya tenido que ser calculado antes de ser escrito en la página.
El texto consiste de más de 170.000 glifos, normalmente separados unos de otros por pequeños espacios. La mayoría de los glifos están escritos con uno o dos trazos simples. Considerando que existen disputas sobre si ciertos glifos son distintos o no, se calcula que el alfabeto entero consta de entre 20 y 30 glifos totales para casi todo el texto, con raras excepciones de algunas docenas de caracteres "extraños", encontrados una o dos veces en todo el texto.
Los espacios más anchos dividen el texto en alrededor de 35.000 "palabras" de longitud variada. Estas parecen seguir una cierta fonética o reglas ortográficas de cierto tipo; por ejemplo, algunos caracteres deben aparecer en cada palabra (como las vocales en el castellano), algunos caracteres nunca siguen a otros, algunos pueden ser dobles pero otros no.
El análisis estadístico del texto reveló patrones similares a los de lenguas naturales. Por ejemplo, la frecuencia de palabras sigue la Ley de Zipf y la entropía (alrededor de 10 bits por palabra) es similar a aquella de textos en latín. Algunas palabras aparecen exclusivamente en ciertas secciones, o sólo en algunas páginas; otras son frecuentes en todo el manuscrito. Existen muy pocas repeticiones entre las miles de "leyendas" adjuntas a las ilustraciones. En la sección herbario, la primera palabra de cada página aparece solamente en esa página, pudiendo representar el nombre de la planta.
Por otro lado, el "idioma" del manuscrito Voynich, el voynichés, es distinto de los idiomas europeos en varios aspectos. En particular, no existen palabras con más de 10 "letras". Además, la distribución de letras dentro de una palabra es algo peculiar: algunos caracteres aparecen solamente al principio de una palabra, otros solamente al final y algunos siempre en el medio. Tal característica es muy particular en lenguas como el árabe, donde la misma letra se representa de diferentes formas, dependiendo de su posición en la palabra, por lo que se escribe diferentemente al inicio, en el centro o al final, lo que puede dar a entender que se trata de un alfabeto más reducido, en el entendido de que se ven como símbolos distintos lo que podría ser el mismo.
El texto parece ser más repetitivo que los típicos idiomas europeos: existen secuencias en las cuales la misma palabra común aparece hasta tres veces consecutivas.


Se atribuye a los primeros propietarios reales del manuscrito la creencia de que su autor fue Roger Bacon (1214-1294). El manuscrito presenta notables parecidos con una obra del autor inglés Anthony Ascham, "A Little Herbal" (Un pequeño herbario), publicada en 1550.
Los primeros propietarios teóricos del manuscrito habrían sido Rodolfo II de Bohemia (1552-1612) (nieto de Carlos I de España) y Jacobus Horcicky de Tepenecz (que lo habría poseído entre 1612 y 1622), quien a su vez se lo habría pasado a Georgius Barschius (quien en teoría lo habría tenido entre 1622-1665). De este último personaje no se tienen noticias más que por unas cartas que posiblemente escribió Johannes Marcus Marci (poseedor del libro en 1665), dirigidas a Athanasius Kircher. Quizá emulando al orientalista Andreas Mueller, que había conseguido estafar a Kircher con un texto fraudulento, y con la colaboración de Raphael Missowsky, habría escrito el manuscrito y creado toda la representación anterior.
Permanecería en manos de Athanasius Kircher desde 1665 hasta 1680, sin que pudiera descifrarlo, pasando a la biblioteca del Collegio Romano (actualmente la Universidad Pontificia Gregoriana) hasta 1912, momento en el que lo compraría Wilfrid M. Voynich (entre 1912 y 1930) para pasar posteriormente a su viuda, Ethel Boole Voynich (entre 1930 y 1961), a Hans Peter Kraus (entre 1961 y 1969), el cual lo cedió a la Universidad de Yale.


Dado que el alfabeto del manuscrito Voynich no se asemeja a ningún tipo de escritura conocida, y que el texto continúa sin ser descifrado, la única prueba práctica de la edad y origen del libro son sus ilustraciones, en especial, los atuendos y peinados de las figuras humanas, y algunos castillos vistos en los diagramas. Todo es característicamente europeo y, basándose en ello, la mayoría de los expertos fechan el libro entre 1450 y 1520. Esta estimación es apoyada por otras pistas secundarias.
El primer dueño confirmado del manuscrito fue un cierto Georgius Barschius, un oscuro alquimista que vivió en Praga a comienzos del siglo XVII. Aparentemente, Barschius se encontraba tan confundido con respecto al libro como nos encontramos en la actualidad. Tras enterarse de que Athanasius Kircher, un erudito jesuita del Collegio Romano, había publicado un diccionario de copto (etíope) y "descifrado" los jeroglíficos egipcios, envió una muestra del manuscrito a Kircher en dos ocasiones, pidiéndole pistas. Su carta a Kircher en 1639, recientemente hallada por René Zandbergen, es la mención más antigua del manuscrito hallada hasta la fecha.
Se desconoce si Kircher respondió al pedido, pero aparentemente se encontraba lo suficientemente interesado como para intentar adquirir el libro, que Barschius se negó a vender. Tras la muerte de Barschius, el manuscrito pasó a manos de su amigo Johannes Marcus Marci, en aquel entonces rector de la Universidad Carolina de Praga, quien rápidamente lo envió a Kircher, su amigo corresponsal. La carta de Marci (1665) se encuentra aún adjunta al manuscrito: en ella, le ofrece el manuscrito para su descifrado y menciona que fue adquirido por el emperador Rodolfo II de Bohemia (1552-1612) por 600 ducados de oro. La carta menciona luego que en la corte de Rodolfo II se creía que el autor del manuscrito era Roger Bacon (el fraile franciscano que vivió entre 1214 y 1294).
No se encuentran menciones del libro en los dos siglos siguientes, aunque muy probablemente lo conservaron, junto con la correspondencia de Kircher, en la biblioteca del Collegio Romano (actualmente la Universidad Pontificia Gregoriana). Allí permaneció probablemente hasta que las tropas de Víctor Manuel II de Italia conquistaron la ciudad en 1870, anexionando los Estados Pontificios al nuevo Estado italiano. El nuevo Gobierno italiano decidió confiscar muchas de las propiedades de la Iglesia, incluida la biblioteca del Collegio. De acuerdo con las investigaciones de Xavier Ceccaldi y otros, justo después de este acontecimiento se transfirieron precipitadamente muchos de los libros de la biblioteca de la universidad a las bibliotecas personales de su facultad, donde quedaban a salvo de la confiscación. La correspondencia de Kircher, incluyendo el manuscrito, se encontraba entre estos libros.
Parece ser que alrededor del año 1912 el Collegio Romano se encontraba en una situación económica precaria y decidió vender, discretamente, algunas de sus propiedades. Así fue cómo Wilfrid Voynich adquirió 30 manuscritos, entre ellos el que nos ocupa. Treinta años después de la muerte de Voynich, en el año 1961, su viuda vendió el libro a otro marchante de libros antiguos, llamado H. P. Kraus. Como no pudo encontrar un comprador, Kraus donó el manuscrito a la Universidad de Yale en 1969.
La impresión general que proporcionan las páginas que nos han llegado del manuscrito sugieren que su propósito era servir como una farmacopea o desarrollar temas comunes en la medicina medieval o renacentista. Sin embargo, los detalles intrigantes de las ilustraciones han alimentado muchas teorías acerca del origen del libro, su contenido, y los fines para los que fue concebido. Nuevas corrientes de estudio han relacionado algunas de las ilustraciones con secretos de los gremios de artesanos de Milán (farmacopea de venenos, producción de cristal, etc...), los cuales estaban protegidos tradicionalmente hasta el punto de que su transmisión a potencias extranjeras suponía graves castigos.

Herbario

La primera sección del libro es casi seguro un herbario, pero han fracasado completamente todos los intentos para identificar las plantas, ya sea con especies existentes o con los dibujos estilizados de los herbarios contemporáneos. Sólo se pueden identificar con alguna certidumbre un par de plantas, entre las que se incluyen el pensamiento silvestre y el helecho "culantrillo" o "cabello de Venus". Los dibujos del herbario que se asemejan a los bocetos "farmacológicos" parecen ser "copias en limpio" de éstos, salvo que se completaron las partes que faltaban con detalles inverosímiles. De hecho, muchas de las plantas parecen ser compuestas (jocosamente se les ha llamado "frankenplantas"): se juntan las raíces de una especie con las hojas de otra y las flores de una tercera; en ocasiones las raíces han sido adornadas con "ojos", zarpas o incluso garras: se desconoce qué significan estos adornos (salvo que fuesen claves o pistas visuales de algún tipo).

Girasoles

Brumbaugh cree que una ilustración representa un girasol del Nuevo Mundo, lo que ayudaría a fechar el manuscrito y abriría posibilidades intrigantes acerca de su origen. Sin embargo, la semejanza es escasa, sobre todo si se la compara con la especie silvestre original; y puesto que se desconoce la escala del dibujo, la planta podría representar un ejemplar de una amplia familia botánica, compuesta por muchas especies (margarita, camomila,...) y extendida por todo el mundo.

Ricinus communis

Otra de las posibles especies que se distinguiría en las hojas y en los frutos es la planta Ricinus communis.

Alquimia

Los recipientes y tubos de la sección "biológica" podrían indicar una relación con la alquimia, lo que sería relevante si el libro contuviera instrucciones para la preparación de compuestos médicos. Sin embargo los libros alquímicos del periodo comparten un lenguaje visual común, en el que se representan los procesos e ingredientes por medio de imágenes específicas (el águila, el sapo, un hombre en una tumba, una pareja en la cama, el sol, etc.) o símbolos textuales convencionales (un círculo con una cruz, etc.); no se identifica ninguno de ellos en el manuscrito.

Herbario alquímico

Sergio Toresella, experto en herbarios antiguos, señaló que el manuscrito Voynich podría ser un herbario alquímico, que de hecho no tiene nada que ver con la alquimia. Se trata de un herbario ficticio con dibujos inventados, con el que los curanderos cargaban para impresionar a sus clientes. Parece que existió una pequeña industria doméstica de tales libros en alguna parte de Italia Septentrional, justo en esa época. Sin embargo, esos libros eran muy diferentes del manuscrito Voynich en estilo y diseño, y siempre estaban escritos en lenguaje normal.

Herbario astrológico

Las consideraciones astrológicas siempre tuvieron un papel importante en la recolección de hierbas medicinales, sangrías y otros procedimientos médicos comunes en la época más probable de elaboración del manuscrito (ver, por ejemplo, los libros de Nicholas Culpeper). Sin embargo, aparte de los obvios signos zodiacales, y un diagrama que parece mostrar los planetas clásicos, nadie ha sido capaz de interpretar las ilustraciones dentro de las tradiciones astrológicas conocidas (sean europeas o de otros lugares).

Microscopios y telescopios


                                                                                                              En estas tres páginas del manuscrito aparecen objetos que parecen astronómicos.
Un dibujo circular en la sección "astronómica" (folio 68 vuelto, sección 3) representa un objeto de forma irregular con ocho brazos curvados y estrellas amarillas y azules en su interior; algunos lo han interpretado como el dibujo de una galaxia, que sólo se puede observar con un telescopio e incluso se ha insinuado que el propio Roger Bacon pudo fabricar uno con un espejo cóncavo: sin embargo incluso con los mayores telescopios actuales ninguna galaxia presenta ese aspecto salvo que se utilice la fotografía; la Galaxia de Andrómeda aparece bastante de canto y no de frente como la que se aprecia en el manuscrito.
El parecido es muy discutible: en una inspección ocular el centro de la "galaxia" se asemeja más bien a un estanque de agua mientras que los presuntos brazos son líneas espirales con texto, no con estrellas amarillas o azules.
Se han interpretado otros dibujos como células vistas a través del microscopio: ello implicaría un origen moderno del manuscrito (siglo XVII), más que medieval.

Energía nuclear

Jacques Bergier, en su obra Les livres maudits (editorial J' ai Lu, París, 1971), traducida al español como Los libros condenados (Plaza & Janés, 1973), propone una interesante hipótesis: el autor del Manuscrito Voynich poseía conocimientos extraordinariamente avanzados y demasiado peligrosos para el mundo moderno, por ejemplo el secreto de las estrellas novas, por lo cual los ocultó para evitar nuestra propia autodestrucción.
No hay pruebas de tales conocimientos avanzadísimos en el manuscrito, salvo algunos diseños "astronómicos" (por ejemplo estrellas que parecen "explotar" en los folios 68 anverso y 69 reverso, aunque pueden representar cualquier otra cosa): de todos modos es altamente improbable que Voynich en 1912, por no mencionar al dúo mágico-alquimista Dee-Kelley (hacia 1585) o incluso el propio Roger Bacon supiesen qué es la energía nuclear, cómo manipularla o liberarla de modo artificial.

Autores múltiples

Prescott Currier, un criptógrafo de la Marina de los Estados Unidos, que trabajó con el manuscrito en los 70, observó que se podían separar las páginas de la sección "herbario" en dos conjuntos, las manos A y B, con propiedades estadísticas distintas y caligrafías diversas. Concluyó que el manuscrito Voynich era la obra de dos o más autores con diferentes dialectos y convenciones ortográficas. Sin embargo, estudios recientes han puesto en duda esta conclusión. Un experto en caligrafía que examinó el libro opinó que una sola mano había redactado el manuscrito entero. Además, cuando se examinan todas las secciones, se ve una transición más gradual, con el herbario A y el herbario B en los extremos opuestos. Así, las observaciones de Prescott podrían ser tan sólo la consecuencia de que las secciones del herbario hubieran sido escritas en dos épocas muy separadas en el tiempo; también cabe la posibilidad de que el manuscrito actual haya sido cosido a partir de secciones que, originalmente, tenían otra disposición.

Teorías acerca de la lengua

Se han propuesto muchas hipótesis acerca de la naturaleza de la lengua del manuscrito Voynich. Sigue una lista no exhaustiva:

Cifrado de letras

Según esta teoría, el manuscrito Voynich contiene texto con significado en alguna lengua europea, que se hizo oscuro a propósito convirtiendo las letras mediante algún sistema de cifrado: un algoritmo que operaba sobre letras individuales. Al parecer, se han reconocido algunos símbolos que apuntarían a que el código utilizado coincidiría con la clave de cifrado de la cancillería Milanesa en el siglo XV.
Ha sido la hipótesis de trabajo en la mayoría de los intentos de desciframiento durante el siglo XX, incluido un equipo de criptógrafos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU.) dirigido por William F. Friedman, a principios de los años cincuenta. Primero agrupó el First Study Group (1944-1946) y luego el Second Study Group. Se descartaron los cifrados de sustitución simple, porque son muy fáciles de descifrar. Por eso los esfuerzos se han dirigido en general hacia los cifrados polialfabéticos, inventados por León Alberti hacia 1460. Este tipo incluye el popular cifrado de Vigenère, tal vez reforzado por el uso de símbolos vacíos o equivalentes, reordenación de letras, rupturas falsas de palabras, etc. Algunos autores suponen que se eliminaron las vocales antes del cifrado. Algunos han pretendido el éxito en el desciframiento siguiendo estos supuestos; pero ninguno ha logrado amplia aceptación, principalmente porque los algoritmos de desciframiento propuestos dependen de tantas suposiciones por parte del lector, que se podría obtener un texto con significado de cualquier serie aleatoria de símbolos.
El principal argumento para esta teoría es que el uso de un alfabeto extraño por parte de un autor europeo no es muy explicable, salvo como un intento de ocultar información. Lo cierto es que Roger Bacon sabía de cifrados, y la fecha estimada para el manuscrito apenas coincide con el nacimiento de la criptografía como disciplina sistemática. Contra esta teoría está el argumento de que un cifrado polialfabético normalmente destruiría las características estadísticas "naturales" que se observan en el manuscrito, tales como la Ley de Zipf. Además, aunque los cifrados polialfabéticos se inventaron hacia 1467, las variantes sólo se hicieron populares en el siglo XVI, un poco tarde para la fecha estimada del manuscrito.

Cifrado con libro de códigos

Según esta teoría, las "palabras" del manuscrito Voynich en realidad serían códigos para consultar en un diccionario o libro de códigos. La prueba principal de este aserto sería que la estructura interna y la distribución de la longitud de esas palabras son similares a las de los números romanos (en ese tiempo habría sido un código natural que elegir). Sin embargo, los cifrados basados en libros de códigos sólo son viables en textos cortos, pues son muy engorrosos de leer y escribir.

Cifrado visual

James Finn propuso en su libro Pandora's hope (La esperanza de Pandora, 2004) que el manuscrito Voynich es en realidad hebreo codificado visualmente. Una vez que se han trascrito correctamente las letras, usando como guía el E.V.A., se pueden leer muchas de las palabras del manuscrito en hebreo, y se repiten con diversas deformaciones para confundir al lector. Por ejemplo, la palabra AIN del manuscrito significa “ojo” en hebreo, y también aparece con formas distorsionadas como “AIIN” o “AIIIN” para hacerlas parecer palabras diferentes cuando en realidad son la misma. También se utilizan otros métodos de criptografía visual. Esto explicaría el fracaso que los demás investigadores han tenido al descifrar el manuscrito, porque se basan más en una metodología matemática. El principal argumento en contra es que tal codificación cualitativa constituye un obstáculo formidable para el talento del descifrador individual, dada la multiplicidad de posibles interpretaciones visuales alternativas del mismo texto. Sería difícil separar cuánta interpretación es del texto genuino, y cuánta refleja simplemente la subjetividad del intérprete.

Esteganografía

Esta teoría mantiene que el texto del manuscrito Voynich carece en su mayor parte de significado, pero contiene la información oculta en detalles discretos: por ejemplo, la segunda letra de cada palabra, o el número de letras en cada línea. Esta técnica, llamada esteganografía (en griego, “escritura encubierta”) es muy antigua, y la describió, entre otros, el abad Johannes Trithemius en 1499. Se ha sugerido que el texto traducido ha de ser obtenido mediante una rejilla de Cardano de algún tipo. Esta teoría es difícil de probar o rechazar, puesto que los textos esteganográficos pueden ser arbitrariamente difíciles de transcribir. Un argumento en contra es que usar un texto que aparenta estar cifrado va en contra del principal objetivo de la esteganografía, que es ocultar la propia "existencia" del mensaje secreto.
Algunos han sugerido que el texto con significado podría estar codificado en la longitud o forma de ciertos rasgos de la escritura. Hay ejemplos de esteganografía de aproximadamente esa época, que usan el tipo de letra (por ejemplo regular frente a cursiva) para ocultar información. Sin embargo, cuando se examina con un gran aumento, los rasgos de escritura del manuscrito Voynich tienen un aspecto natural y aparecen afectados principalmente por la superficie rugosa del pergamino.

Lenguaje natural exótico

El lingüista Jaques Guy ha sugerido que el texto del manuscrito Voynich podría estar expresado en una lengua natural exótica, aunque escrito con un alfabeto inventado. Ciertamente, la estructura de palabras es similar a la de muchas familias lingüísticas de Asia Oriental y Central, principalmente la sino-tibetana (chino, tibetano y birmano), la austroasiática (vietnamita, khmer,...) y tal vez la tai (tailandés, lao,... ). En muchas de estas lenguas, las "palabras" (es decir, las unidades lingüísticas más pequeñas con un significado definido) constan de una sola sílaba; y esas sílabas tienen una estructura bastante rica, incluidos patrones tonales.
Esta teoría goza de cierta plausibilidad histórica. Aunque esas lenguas disponen en general de sistemas de escritura propios, éstos suelen ser notablemente difíciles para los visitantes occidentales, lo que motivó la invención de varios alfabetos fonéticos, habitualmente usando letras latinas, pero a veces se emplearon letras inventadas. Aunque los ejemplos conocidos son muy posteriores al manuscrito Voynich, la historia registra cientos de exploradores y misioneros que lo podrían haber hecho (incluso antes del famoso viaje de Marco Polo en el siglo XIII), pero especialmente después de que Vasco de Gama descubriese la vía marítima a Extremo Oriente en 1499. El autor del manuscrito Voynich podría ser también un nativo del Lejano Oriente que vívía en Europa, o bien se educó en una misión europea.
El principal argumento a favor de esta teoría es que es consistente con todas las propiedades estadísticas del texto del manuscrito Voynich que han sido comprobadas a la fecha, incluyendo las palabras dobladas y triplicadas que aparecen en los textos escritos en chino y vietnamita con la misma frecuencia aproximada que en el manuscrito. También explica la aparente falta de números y de características sintácticas occidentales (tales como artículos y cópulas), y la inescrutabilidad general de las ilustraciones. Otra posible pista la constituyen dos grandes símbolos rojos en la primera página, que han sido comparados con el título de un libro de estilo chino, dado la vuelta y pobremente reproducido. Además, la aparente división del año en 360 grados (en lugar de 365 días), en grupos de 15 y comenzando en Piscis, son rasgos propios del calendario agrícola chino (jie q'i). El principal argumento en contra de esta teoría es que nadie (incluidos los eruditos de la Academia de Ciencias de Pekín) ha podido encontrar ningún ejemplo claro de simbolismo oriental o de ciencia asiática en las ilustraciones.
A finales de 2003, el polaco Zbigniew Banasik propuso que el manuscrito es texto redactado en idioma manchú, y dio una traducción incompleta de la primera página del manuscrito.

Lengua políglota

En el libro Solution of the Voynich Manuscript: A liturgical Manual for the Endura Rite of the Cathari Heresy, the Cult of Isis ("La solución al manuscrito Voynich: un manual litúrgico del rito de Endura en la herejía cátara, el culto a Isis", 1987), Leo Levitov afirmó que el manuscrito era una transcripción sencilla de una "lengua oral políglota", que definió como "una lengua literaria comprensible para aquellos que no entendieran el latín, a quienes se les podría leer en esta lengua". Propuso un desciframiento parcial en una mezcla de lengua flamenca medieval con muchos préstamos lingüísticos del francés antiguo y antiguo alto alemán.
Según Levitov, el rito de Endura no era sino un ritual de suicidio asistido, asociado con la fe cátara (aunque la historicidad de este ritual está puesta en duda). Explica que las plantas quiméricas no están destinadas a representar ninguna especie botánica, sino que son símbolos secretos de la fe. Las mujeres en las tinas junto a la red de tuberías representan el propio suicidio ritual, que incluiría la venesección: cortarse las venas para que la sangre se derramase en un bañera con agua caliente. Las constelaciones sin análogo celestial representan las estrellas del manto de Isis.
Se cuestiona esta hipótesis en varios frentes. Uno es que se sabe muy bien que la fe cátara era un gnosticismo cristiano, y no se asociaba de ninguna forma con Isis. Otro es que esta teoría sitúa el origen del libro en los siglos XII o XIII, con lo que sería considerablemente más antiguo que lo que incluso los partidarios de la teoría de Roger Bacon defienden. Levitov no ofreció ninguna defensa frente a este argumento, más allá de su traducción.

Lengua artificial

La peculiar estructura interna de las “palabras” del manuscrito Voynich ha llevado a William F. Friedman y John Tiltman a postular por separado que el texto podría ser simplemente una lengua artificial, y más específicamente, una lengua filosófica. Las lenguas de este tipo tienen un vocabulario organizado según un sistema de categorías, por lo que se puede deducir el significado general de una palabra por la secuencia de las letras que la componen. Por ejemplo, en la lengua artificial moderna Ro, bojo es la categoría de los colores, y cualquier palabra que comience con esas letras sería el nombre de un color: así rojo es bofoc, y amarillo es bofof (es, pues, una versión extrema de la Clasificación Decimal Universal que se usa en las bibliotecas).
Este concepto es bastante antiguo, como lo prueba el libro Philosophical Language (“Lengua Filosófica”) de John Wilkins. En los ejemplos más conocidos, las categorías se subdividen añadiendo sufijos; como resultado, un texto sobre una materia concreta tendría muchas palabras con prefijos similares. Por ejemplo, todos los nombres de plantas empezarían con letras similares, y análogamente con todas las enfermedades, etc. Esta característica podría entonces explicar la naturaleza repetitiva del texto Voynich.
Sin embargo, nadie ha podido asignar un significado plausible a cualquier prefijo o sufijo del manuscrito, además de que todos los ejemplos conocidos de lenguas filosóficas son bastante tardíos (siglo XVII).

Engaño

Las extrañas características del texto del manuscrito (tales como las palabras duplicadas o triplicadas) y el contenido sospechoso de sus ilustraciones (tales como las plantas quiméricas) han llevado a muchos a pensar que el manuscrito es en realidad un engaño.
En 2003 el especialista en computación doctor Gordon Rugg mostró que se podía reproducir texto con características similares a las del que contiene el manuscrito, mediante el uso de una tabla con prefijos, raíces y sufijos, que habrían sido seleccionados y combinados por medio de una plantilla de papel perforado. Este mecanismo, conocido como rejilla de Cardano, se inventó hacia 1550 como herramienta criptográfica. Sin embargo los pseudotextos generados en los experimentos de Gordon Rugg no tienen las mismas palabras y frecuencias que el manuscrito Voynich, y su parecido con el voynichés es sólo visual, no cuantitativo. Puesto que también se puede producir un galimatías aleatorio que se parezca al español (o a cualquier otra lengua) en una medida similar.

Dialecto americano desconocido

Según un estudio publicado en el año 2014, por el American Botanical Councilla solución podría estar en la combinación de varias de las teorías antes mencionadas. Los autores de dicho estudio declaran haber identificado palabras en el texto (relativas a plantas y animales) pertenecientes a las lenguas náhuatl, taína, española y mixteca, lo que apoyaría las teorías de que el manuscrito está escrito en una lengua exótica desconocida (en este caso, un lenguaje antiguo mexicano) mientras que utiliza palabras prestadas de otras lenguas (lengua políglota). Este artículo, publicado por los expertos Doctor Arthur O. Tucker y Rexford H. Talbert, ha recibido respuestas positivas por parte de expertos en botánica y etnobotánica, lo que da mayor fuerza a esta teoría.

DOCUMENTAL SOMBRE EL MANUSCRITO VOYNICH




domingo, 3 de mayo de 2015

EXPERIMENTO SECRETOS

El Experimento Ruso Del Sueño

A fines de los años 40, en la Unión Soviética se llevó a cabo un experimento cruel e inhumano, con cinco prisioneros a los cuales se intentó, a base de un gas estimulante, mantener despiertos por 15 días. Llegado el día 15, cada uno de los cuatro supervivientes (uno murió) se había arrancado carne a sí mismo; y, en la locura que los sujetos de prueba mostraban, había algo misterioso y escalofriante.

A fines de los años 40, cuando aún la Unión Soviética era gobernada por el puño de acero de Stalin, un grupo de científicos rusos decidió llevar a cabo un experimento en que, a base de un gas estimulante, se mantendrían despiertos a cinco sujetos por un periodo de quince días.

Primeramente los cinco individuos fueron conducidos a un entorno cerrado a fin de que se pudiese monitorear el empleo de oxígeno, ya que el gas estimulante resultaba letal en elevadas concentraciones. A fin de observar cuidadosamente a los sujetos del experimento, y ya que en ese entonces todavía no existía el sistema de “circuito cerrado” con cámaras de vigilancia, se emplearon micrófonos y unas ventanas con vidrios de 5 pulgadas de espesor. Por otro lado, la habitación del experimento contaba con libros, mantas para dormir cómodamente (aunque sin camas), agua corriente, un baño y provisiones alimenticias que alcanzaban para que todos los cinco sujetos sobreviviesen un mes entero.

Pero… ¿qué habían hecho los sujetos del experimento para estar allí? Estos eran prisioneros políticos y militares enemigos capturados durante la Segunda Guerra Mundial. Stalin había dicho una vez que “la violencia es el único medio de lucha, y la sangre el carburante de la historia” y, en concordancia con esa manera de pensar, miles de individuos habían sido torturados, enviados a trabajos forzados en Siberia, o asesinados con un tiro en la nuca. Pero el destino de estos prisioneros sería aún peor…

Durante los primeros cinco días todo estuvo relativamente bien y pocas eran las quejas, en gran parte porque los habían engañado, prometiéndoles la libertad si se sometían a la sencilla prueba de no dormir por 15 días. Curiosamente y ya en ese breve intervalo inicial de 5 días, los investigadores notaron que, mientras más tiempo pasaba, los sujetos se mostraban más propensos a hablar sobre eventos traumáticos de su pasado.

El primer punto de inflexión vino después de los 5 días iniciales, pues los sujetos comenzaron a quejarse de los hechos que, según ellos, los habían conducido a terminar en el experimento. Sus miradas ya no eran las mismas, sus gestos y actitudes denotaban el inicio de la paranoia. La camaradería de los días pasados se resquebrajó y dio paso a cinco individuos desconfiados, que ya no hablaban entre sí y que murmuraban alternativamente en los micrófonos, tratando de no ser vistos por sus compañeros y evidenciando que pretendían ganarse la confianza de sus captores al traicionar a sus camaradas. En opinión de los científicos, los cambios conductuales de los sujetos eran un efecto del gas y la privación de sueño.

Ya en el noveno día, uno de los sujetos de prueba comenzó a correr como locoe por toda la habitación, gritando y gritando sin parar… Así estuvo unas tres horas, en un espectáculo atroz donde su voz, como consecuencia del desgaste de las cuerdas vocales, estaba cada vez más ronca; además, naturalmente el hombre cayó algunas veces, pero siempre se volvía a levantar, pese a que estaba bañado en sudor y hasta llegó a escupir sangre antes de no poder dar más que gritos ocasionales y, finalmente, caer presa del silencio, ya que sus cuerdas vocales estaban destrozadas… En cuanto a los compañeros del sujeto que gritaba, mostraron inicialmente una escalofriante indiferencia: seguían murmurando en los micrófonos, encerrados en sí mismos. Sin embargo, cuando un segundo sujeto se puso a correr y a gritar como el primero, dos de los tres que no gritaban agarraron algunos libros, les comenzaron a arrancar páginas, defecaron, las cubrieron con sus heces y las empezaron a pegar en las ventanas de la habitación, tras lo cual dejaron de correr los dos que corrían y, el que aún gritaba (el otro ya no podía, se había destrozado las cuerdas vocales), dejó de gritar. También, a raíz de eso nadie volvió a murmurar en los micrófonos.

Tres días después de lo sucedido con las ventanas, los investigadores quisieron revisar los micrófonos a ver si todavía funcionaban; puesto que, desde lo sucedido con las ventanas, no se había escuchado ninguna palabra o ruido en los micrófonos, pese a que el consumo de oxígeno indicaba que los sujetos vivían y, además, era un nivel de consumo propio de quienes realizan ejercicios extenuantes…

Llegado el día 14, la preocupación por el estado de los voluntarios era muy grande y los científicos hicieron algo que inicialmente no pensaban hacer puesto que podía alterar el curso del experimento: trataron de llamar la atención de los sujetos de prueba. Para ese fin, emplearon un intercomunicador que hasta el momento había pasado desapercibido por los cinco prisioneros, quienes en ese momento escucharon una voz fría y autoritaria que les decía: “Abriremos el cuarto para comprobar el estado de los micrófonos. Aléjense de las puertas y acuéstense con las manos atrás en el suelo o se les disparará. A uno de ustedes se le otorgará la libertad si obedecen”. Entonces, desde uno de los micrófonos, una voz dijo, en tono terminante y sin encontrar oposición en otras voces, algo que dejó atónitos a los investigadores: “No queremos ser liberados”

Lo antes descrito suscitó gran debate entre los científicos y los militares responsables del proyecto. Se intentó varias veces y en vano comunicarse de nuevo con los sujetos, pero estos no dijeron palabra alguna ante lo escuchado desde el intercomunicador. Así pues, al anochecer del día 15 se decidió abrir la puerta de la habitación y ver lo que por días cubrieron aquellas páginas arrancadas y llenas de excremento que, como viles trofeos de la miseria humana, tapaban los gruesos cristales del maldito recinto.

Antes de entrar, los investigadores extrajeron el gas de la habitación y empezaron a mandar aire fresco, pero entonces comenzaron a escucharse montones de quejas en los micrófonos. Eran tres voces que, rogando en nombre de sus seres queridos, pedían que volvieran a mandarles más gas estimulante. Sin embargo, el suministro de gas no se repuso y, cuando por fin abrieron la puerta, los sujetos de prueba vociferaron, con excepción del que tenía dañadas las cuerdas vocales (éste fue uno de los cuatro supervivientes), los alaridos más fuertes y espantosos que jamás habían escuchado en toda su vida aquellos aterrorizados soldados. Y es que nada, ni siquiera las balas zumbando en el campo de batalla o los cadáveres regados por las calles de Stalingrado que uno de los presentes había visto: nada se equiparaba al horror dantesco que tenían en frente…

Gran parte de la comida, que habría bastado para los últimos cinco días del suplicio, no había sido tocada en lo más mínimo. Todo el suelo estaba cubierto de una repugnante mezcla de sangre, agua, heces, orina, ya que el hueco de drenaje, que estaba en el centro de la habitación, había sido tapado con trozos de carne de las costillas y pantorrillas del sujeto muerto, cuyo cadáver yacía arrimado en la esquina izquierda del fondo, con la boca abierta, la cabeza ladeada, y la mirada inerte, aunque con un inusual gesto que parecía congelar la experiencia inefable de quien ha alcanzado la escabrosa cima del tormento.

En cuanto a los supervivientes, estaban en tales condiciones que habrían hecho parecer criaturas de aspecto afable a los zombis: se notaba que se habían arrancado pedazos de piel y carne con sus propias manos, ya que las puntas de sus dedos estaban destrozadas, y el hueso estaba expuesto en zonas donde no habrían podido sacar carne con sus propios dientes. Por otra parte, a más de las heridas provocadas por la carne y la piel que se habían arrancado, todos tenían muchas otras lesiones, la mayoría de ellas autoinfligidas. Y en cuanto al daño causado por la carne que se habían arrancado a sí mismos, era algo tan atroz que, debido principalmente a toda la cantidad de músculo intercostal que ya no tenían, podían vérseles los órganos internos, ya que desafortunadamente no habían comprometido suficientemente a sus órganos vitales como para perecer, excepto aquel que ahora reposaba muerto en la esquina, pues le faltaba aproximadamente medio hígado…  Tenían los intestinos expuestos, palpitando por la comida que habían ingerido recientemente, y que no era el atún ni nada que contuvieran las latas en conserva que les dejaron para alimentarse decentemente, sino su propia carne.

Pese a que la mayoría de los soldados que entraron a la habitación o vieron lo que había en ella eran de las Fuerzas Especiales, ninguno quiso volver a entrar, y uno de ellos se puso a llorar como si hubiese visto a su madre cortada en trocitos… En cuanto a los cuatro supervivientes, todos pedían con desesperación que les dieran gas. “¡No quiero dormir, no quiero dormir!”, gritaba uno de ellos con la voz empañada en llanto y desesperación, tal y como quien, ante la amenaza de ser ejecutado, grita histéricamente “¡no quiero morir, no quiero morir!”. Y es que todos querían estar despiertos: esa era su adicción, eso era lo único que importaba. La dignidad, la esperanza, las memorias del pasado, todo se había hundido, el sentido de la vida se había reducido a la persecución desesperada de mantener los ojos abiertos, y el cerebro activo, no ya para pensar la realidad u orientarse en ésta, sino porque, la sensación de vitalidad propia de estar bien despierto, había pasado a tener el valor de la vida misma.

Ahora, y si bien ningún soldado quería regresar, tuvieron que obedecer las órdenes de sus superiores y volver a aquella pequeña sucursal del infierno, donde los cuatro dementes, que sólo querían permanecer en el cuarto para recibir más gas, presentaron la fuerza de auténticos poseídos por el Demonio, mostrándose tan salvajes que un soldado falleció cuando uno de los sujetos de prueba le mordió el cuello tan fuertemente que le abrió la yugular, y otro soldado resultó gravemente herido porque uno de los supervivientes le mordió la arteria femoral y los testículos, con tanta rabia que literalmente se los reventó, los soldados tenían la orden de preservar la vida de los sujetos de prueba así que no pudieron dispararle. Además de estos dos soldados que fueron víctimas por accidente del experimento, cuatro de ellos acabaron suicidándose en las semanas posteriores al nefasto día, sumando cinco los que murieron por causa del experimento sin ser parte del mismo.

Otro caso lamentable fue el de uno de los cuatro sujetos de prueba. El hombre sufrió una hemorragia después de dañarse el bazo cuando intentaba agredir a los soldados; intentaron sedarlo, pero ni siquiera con la dosis de morfina multiplicada por diez se consiguió controlarlo, pues seguía agitándose como un animal salvaje, y hasta logró romperle el brazo y las costillas a uno de los médicos que intentaban ayudarlo. Habiendo roto los amarres y estando fuera de sí, el sujeto fue acorralado en una esquina de la sala médica por los soldados. Nadie se le acercaba, todos se limitaban a impedir que la bestia humana cometiera más destrozos. “¡Máaaaas, máaaaas!”, gritaba el sujeto, con los ojos desorbitados, la cara marcada por arañazos que se había autoinfligido en su desesperación por el gas, y las manos puestas en un ademán de ira, impotencia y súplica. Así permaneció por tres minutos enteros en que su corazón latía al máximo posible: “¡Máaaaas, máaaas!”, se escuchaba por toda la sala, primero como un alarido brutal e intimidante, posteriormente como un grito atenuado, después como un murmullo agónico y vencido, y finalmente como una boca abierta de cuyo fondo no salía otra cosa sino el silencio, triste presagio de la muerte que lo tocó cuando se desplomó de improviso.

En cuanto a los tres supervivientes restantes, a éstos se los pudo inmovilizar y conducir a distintas instalaciones médicas: dos de ellos, aún con las cuerdas vocales intactas, no dejaban de vociferar pidiendo gas… El tercero, que era el más herido de los tres, no pudo ser calmado con morfina, pero usaron un sedante distinto que sí lo inmovilizó, aunque su corazón dejó de latir cuando sus ojos se cerraron; posteriormente, en la autopsia, se determinó que sus niveles de oxígeno en la sangre eran anormalmente altos.

Otro de los sujetos, aquel que tenía destruidas las cuerdas vocales, giraba la cabeza en señal de negación cuando plantearon ponerle gas anestésico para llevarlo a la sala de cirugías. Entonces uno de los médicos sugirió no anestesiarlo, y sorprendentemente el sujeto empezó a mover violentamente la cabeza, en señal afirmativa: era increíble, tanto le importaba estar despierto que prefería aguantar el dolor de la cirugía con tal de no dormirse a causa de la anestesia… Seis largas horas duró la cirugía, dentro de la cual se intentó cubrir los principales daños que el propio sujeto había causado en los órganos de su caja torácica. Según relató una traumatizada enfermera que colaboró con los médicos durante la operación, el paciente sonreía de una manera extraña y enfermiza cada vez que hacía contacto visual con ella. Era como si se complaciera en mostrarle la capacidad que tenía para deleitarse ante su propio tormento, como si eso que le estaban haciendo fuera algo rutinario, algo habitual…

Una vez que la cirugía acabó, el paciente miró al cirujano y empezó a hacer gestos con la boca y las manos, como indicando que quería hablar y que le dieran algo para escribir. Entonces el cirujano tomó un cuadernillo que estaba cerca, y se lo dio junto con un bolígrafo. “SIGUE CORTANDO”, escribió el sujeto, con letras mayúsculas que evidenciaban un pulso tembloroso, producto de un insano estado de alteración emocional.

En cuanto al último de los supervivientes, este fue enviado a la sala de cirugía, donde decidieron operarlo sin anestesia después de ver lo ocurrido con el sujeto antes descrito. En su caso, tuvo que inyectársele un líquido paralizante porque no dejaba de reírse a carcajadas, agitándose tanto que hacía imposible la cirugía sin anestesia. Gracias al líquido paralizante, se lo pudo operar sin anestesia. Lo único que podía mover eran los ojos, y aún en tan pequeño margen de libertad motriz se evidenciaba la locura, el disfrute ante lo que estaban haciéndole…

Una vez que pasaron los efectos del líquido paralizante, el sujeto volvió a pedir gas, y cuando le preguntaron por qué él y sus compañeros se lastimaban y por qué necesitaban tanto el gas, el hombre se limitó a decir en forma lacónica y con tono de absoluto convencimiento en sus palabras: “Debo permanecer despierto”.

Los dos supervivientes finales continuaron siendo atendidos por los médicos; y, cuando los militares que idearon el proyecto aparecieron y vieron que las cosas no habían salido tan bien como se esperaba, les reclamaron fuertemente a los científicos e incluso ordenaron ejecutar con inyección letal a los dos sujetos de prueba que aún vivían. No obstante, antes de que se cumpliese la orden de ejecución, el líder de los militares al mando del proyecto, un ex agente de la KGB, volvió a pensarse la decisión inicial y, viendo potencial en los resultados aparentemente desalentadores, ordenó mantener vivos a los dos supervivientes, a fin de ver qué pasaba si los exponían nuevamente al gas que tanto habían pedido y que hasta el momento se les había negado. Los científicos, traumatizados por su experiencia, se negaron rotundamente y aludieron tanto razones éticas de carácter humanitario, como razones de pura conveniencia personal; aunque, como era de esperarse, el militar impuso su autoridad: “Continúen con el experimento y háganlo bien, si no quieren terminar siendo ustedes los sujetos de prueba”. Nadie osó reír: sabían que para muchos militares soviéticos no representaba nada acabar con una vida humana, e incluso uno de los investigadores, al escuchar las amenazas del comandante, recordó el caso de su primo Yuri, que murió con una bala en el cerebro por negarse a experimentar con un prisionero de guerra nazi.

Una vez que los dos supervivientes se enteraron de que al fin recibirían el gas, mostraron una alegría inmensa. Hasta el momento, se las habían ingeniado para permanecer despiertos: uno de ellos cantaba una canción; el otro, que tenía dañadas las cuerdas vocales, se la pasaba dibujando y, cuando el sueño parecía vencerle, se mordía la boca hasta sangrar… Éste último, el mudo, puso una sonrisa de alucinado cuando se enteró de que le darían gas: una sonrisa amplia, simétrica, “de oreja a oreja”, una sonrisa estática, como si estuviese viendo quién sabe qué maravilla inaccesible a la imaginación común…

Antes de ser reintroducidos en la habitación, a los prisioneros se les colocaron medidores de ondas cerebrales. Sorprendentemente, las ondas se mostraban normales casi todo el tiempo, aunque con breves líneas rectas que después desaparecían, y que eran semejantes a las experimentadas durante la muerte cerebral. El prisionero que podía hablar, al sentir que se adormecía durante cada intervalo de línea recta, entró en desesperación y comenzó a gritar: “¡El gas, rápido, rápido! ¡El gas, el gaaaas, el gaaaas!”. Conteniendo sus ganas de reír, el comandante ordenó que se cerrara la habitación con los dos sujetos de pruebas y con tres de los científicos. Al escuchar la orden, dos de los científicos sospecharon que los dejarían allí adentro por varios días, pero más se inclinaron a pensar que era algo momentáneo y que además los dos sujetos de pruebas no se mostrarían violentos porque tendrían el ansiado gas; sin embargo, el tercer científico recordó una conversación que había escuchado entre uno de los soldados y el comandante, cuando estaba en el baño y nadie sabía que él estaba allí:

Dígame, capitán, ¿qué le parece si dejo a algunos de los científicos junto a los locos? Quizá también a ellos les guste el gas, ¿no cree? Sobre todo Ivanov, que ha estado mirándome de manera resabiada, no vaya a ser que se le suba el gas a la cabeza e intente matarme, ¡hahahahahahahahaa!

Si me lo permite, creo que la medida es demasiado severa, mi comandante. Creo que mejor sería mandarlos a Siberia.

―¿A Siberia? Pero si van a estar bien felices con el gas, ¿no ve que el gas es el sentido mismo de la vida? Quien prueba el gas, no quiere ya nada. Imagínese, capitán, una inhaladita y nunca más sufrirá por dinero, por mujeres, por ideales, ¡por nada! Vamos, no me mire así, estoy bromeando, camarada.

“No, no estás bromeando, bastardo”, pensó Ivanov tras recordar la conversación y entonces, antes de que se cerrara la puerta y llegaran tres soldados que el comandante había llamado por radio, reparó en que el soldado escolta (del comandante) había dejado en una silla su revólver, y temblando de ira lo tomó, le disparó al comandante, después le voló la cabeza al prisionero mudo y se puso en una esquina, apuntando al único sujeto de prueba que quedaba y aprovechando que los otros dos científicos habían huido y el soldado escolta también (que era el capitán al cual había escuchado hablar con el comandante), casi seguramente porque no quería matar ni morir, pues si moría dejaría de ser para siempre (era un marxista en toda regla), y si vivía se sentiría aún más culpable por matar a un hombre de ciencia en nombre de un proyecto perverso, cuyos abominables frutos lo habían hecho replantearse su lugar en el mundo desde el día en que abrió esa puerta maldita y vio a esos cinco engendros, que no podían ser llamados “humanos”, “bestias” o “monstruos”, que eran como cinco espejos crueles y a la vez como cinco preguntas: espejos, porque mostraban lo peor que sabemos de nosotros mismos, eso que se refleja en las maldades que les hacemos a nuestros semejantes; preguntas, porque mostraban algo escalofriante, una parte de nosotros que no conocemos, que solo intuimos levemente, que no nos atrevemos a preguntarnos qué es, pero ahora, en esos cinco ex-humanos, se erguía poderoso e imponía, en cualquiera que lo percibiese, la necesidad de preguntarse qué era “eso”…

“¡No me encerrarán con esta cosa! ¡No contigo! ¡¿Qué eres?! ¡Necesito saber!”, dijo el científico de bata blanca, mirando a “eso” que tenía en frente suyo, esperando una respuesta antes de que lo dispararan o lo detuviesen, cosa que increíblemente no había ocurrido aún.

Con una sonrisa demencial y perversa, tal y como si fuera el portador de un secreto prohibido empañado en decadencia, el prisionero miró al techo, volvió a mirar al científico y le dijo con deleite, queriendo perforarle el alma con la negrura de una verdad encarcelada por la cordura: “¿Tan fácilmente te has olvidado de mí? Somos ustedes, somos la locura que está encerrada en todos ustedes. Somos la locura que ruega por libertad en cada momento de sus vidas, desde lo más profundo de sus mentes animales. Somos aquellos de lo que se esconden en sus camas todas las noches. Somos lo que duermen, silencian y paralizan cuando se van a su cielo nocturno, donde nosotros ya no los podemos alcanzar.”

Nadie habló mientras “eso” hablaba a través del prisionero, excepto el científico que sostenía el arma y, sin poder soportar el Evangelio de la Locura, apuntó al corazón de aquel demente y disparó. “Casi…tan…libre”, le escuchó musitar, sin creérselo porque acababa de destrozarle el corazón y allí, en la sala de control, sus compañeros veían que la pantalla de actividad cerebral no mostraba señal alguna de vida. “Eso” que habló ante el asombro de todos había callado por fin, pero solo en los labios del pobre sujeto de pruebas: en las mentes, de los investigadores, de los soldados, del lector de este creepypasta, “eso” seguirá susurrando en cada uno de nosotros, quizá mostrándose en aquellos breves lapsos que algunos de nosotros tenemos, lapsos en que el gobierno de la razón colapsa ante el peso de la realidad, y la locura, siempre más fuerte que las mayores calamidades de la vida, toma el control con voluntad libertadora…



 EL DOCUMENTAL DEL EXPERIMENTO DEL SUEÑO RUSO

 

sábado, 2 de mayo de 2015

TERROR REAL

EL ESCUADRON 731


El Escuadrón 731 fue un programa encubierto de investigación y desarrollo de armas biológicas del Ejército Imperial Japonés, que llevó a cabo letales experimentos sobre humanos durante la Segunda Guerra Chino-japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Mundial. Fue responsable de algunos de los más horribles crímenes de guerra cometidos por militares nipones. Oficialmente conocido por el Ejército Imperial Japonés como el Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica del Ministerio Político Kempeitai, fue inicialmente instaurado como una sección política e ideológica de la policía militar Kempeitai. Fue formado con la intención de contrarrestar la influencia político-ideológica de los enemigos y reforzar el sistema de unidad militar.
El escuadrón fue camuflado como un módulo de purificación de agua situado en el distrito de Pingfang, al noreste de la ciudad china de Harbin, parte del gobierno títere de Manchukuo. Operó a través de la propaganda política japonesa y como un emblema ideológico de la rama política del ejército llamada Kōdōha (Partido Bélico). En la primera fase, esta sección actuó en contra de la propaganda comunista, pero extendió sus responsabilidades en otras direcciones, tanto en Japón como en el extranjero.
Se convirtió en un equivalente aproximado del Schutzstaffel nazi. Promovió la creencia en la supremacía racial japonesa, teorías racistas, contraespionaje, investigación, sabotaje político e infiltración en las líneas enemigas. También ha sido ligado con la policía militar de Manchukuo, el servicio de inteligencia manchú, la policía manchú ordinaria, Comités Manchúes, partidos nacionalistas manchúes regionales y el destacamento del Servicio Secreto Japonés en Manchukuo.
Hasta diez mil personas, tanto civiles como militares, de origen chino, coreano, mongol y ruso fueron objeto de la experimentación dirigida por el Escuadrón 731.Algunos prisioneros de guerra estadounidenses y europeos igualmente murieron a manos del Escuadrón 731. Aparte de eso, el uso de armas biológicas desarrolladas por el programa de armamento bioquímico del Escuadrón 731, resultó en decenas de miles de muertes en China – posiblemente hasta 200.000 víctimas según algunos cálculos.
El Escuadrón 731 fue uno de los muchos destacamentos usados por las Fuerzas Armadas japonesas para la investigación sobre agentes biológicos para la guerra; otras unidades tácticas y administrativas fueron el Escuadrón 516 (Qiqihar), el Escuadrón 543 (Hailar), el Escuadrón 773 (Songo), el Escuadrón 100 (Changchun), el Escuadrón 1644 (Nankín), el Escuadrón 1855 (Pekín), el Escuadrón 8604 (Cantón), el Escuadrón 200 (Manchuria) y el Escuadrón 9420 (Singapur).
Muchos de los científicos implicados en el Escuadrón 731, continuaron con sus prominentes carreras en política, educación, negocios y medicina. Algunos fueron arrestados por las fuerzas soviéticas y procesados en los juicios sobre crímenes de guerra de Jabárovsk; otros que se rindieron a los estadounidenses, les fue otorgada amnistía a cambio de acceder a la información recopilada por estos.
Debido a su brutalidad, las acciones del Escuadrón 731 han sido denunciadas hoy en día por las Naciones Unidas como crímenes de guerra.



 En 1932, el Chūjō (Teniente General) Shirō Ishii fue puesto al mando del Laboratorio de Investigación del Ejército sobre Prevención Epidémica. Él y sus hombres construyeron el campo de prisioneros Zhong Ma (cuyo edificio principal fue conocido a nivel local como la Fortaleza Zhongma), una prisión experimental ubicada en el poblado Bei-inho, a 100 kilómetros al sur de Harbin. Las vías ferroviarias manchúes, fueron colocadas para el transporte de materiales y equipamiento. Ishii organizó al grupo secreto de investigación "Unidad Tōgō", para la coordinación de estudios químicos y biológicos. Una fuga de reos en 1934 y una explosión en 1935 (presunto ataque), obligaron a Ishii a suspender las operaciones de la Fortaleza Zhongma. Posteriormente, Ishii se trasladó a Pingfang, aproximadamente a 24 kilómetros al sur de Harbin, para instalar un complejo nuevo, de mayores dimensiones.

Más tarde esta unidad fue incorporada al Ejército de Kwantung como el Departamento de Prevención Epidémica, pero fue dividida simultáneamente en la "Unidad Ishii" y la "Unidad Wakamatsu", con un comando central en Hsinking. A partir de 1941, todas estas unidades fueron conocidas colectivamente como el Departamento de Prevención Epidémica y Purificación de Agua del Ejército de Kwantung o Escuadrón 731 como sobrenombre. Ellos tuvieron el respaldo de los Cuerpos Imperiales de la Juventud, la Universidad de Investigaciones Japonesa y el Kempeitai. Algunas fuentes los relacionan con el zaibatsu Mitsui, monopolio del cultivo de amapola en Manchukuo (para la producción de heroína).

Integrantes del Escuadrón 731

  • Chūjō (Teniente General) Shirō Ishii
  • Chūsa (Teniente Coronel) Ryoichi Naito
  • Dr. Masaji Kitano
  • Yoshio Shinozuka
  • Yasuji Kaneko



  • División 1: Efectuaba investigaciones sobre peste bubónica, cólera, carbunco y tuberculosis, empleando seres humanos. Para tal fin, se construyó una prisión con capacidad para 300-400 prisioneros.
  • División 2: Se ocupaba de probar las armas biológicas, centrándose en el diseño y manufactura de aparatos para esparcir agentes patógenos y parásitos.
  • División 3: Se ocupaba de producir proyectiles cargados con agentes patógenos. Estaba cantonada en Harbin.
  • División 4: Producía diversos materiales para los experimentos.
  • División 5: Entrenaba a los nuevos integrantes del personal.
  • Divisiones 6, 7 y 8: Unidades de pertrechos, médica y administrativa, respectivamente.

Actividades

Durante la segunda guerra chino-japonesa, un proyecto médico especial con el nombre clave de 'Maruta', utilizó a seres humanos para hacer experimentos. Los sujetos de prueba (militares y civiles) fueron reunidos de la población de los alrededores y en ciertos casos eran aludidos eufemísticamente como "troncos" (maruta, 丸太). Este término, originado de una "broma" por parte del personal debido al hecho de que la información oficial sobre el establecimiento ofrecida a las autoridades locales, fue que se trataba de un aserradero. Entre los sujetos de prueba se encontraban niños, ancianos y mujeres embarazadas. Muchos experimentos y vivisecciones fueron realizadas sin el uso de anestésicos, porque se creía que podían influir en los resultados o que eran innecesarios porque los individuos se encontraban atados.

Vivisección

  • Los prisioneros de guerra fueron sometidos a vivisección (disección cuando aún se está en vida) sin anestesia.
  • Las vivisecciones fueron realizadas a prisioneros infectados con diversas enfermedades. Los científicos llevaron a cabo cirugía invasiva en los cautivos, eliminando órganos para estudiar los efectos de la enfermedad sobre el cuerpo humano. Estas fueron practicadas mientras los pacientes estaban vivos, porque se creía que el proceso de descomposición afectaría los resultados.Entre los presos infectados y viviseccionados se encontraban hombres, mujeres, niños y lactantes.
  • Las vivisecciones fueron también perpetradas en mujeres embarazadas, algunas veces embarazadas por los mismos doctores, y los fetos eran extraídos.
  • Las extremidades de los prisioneros eran amputadas con el fin de estudiar la pérdida de sangre.
  • Estos miembros quitados fueron algunas veces vueltos a unir del lado contrario del cuerpo.
  • Otras veces las extremidades de los prisoneros eran congeladas y amputadas, mientras otros miembros eran congelados y después descongelados para analizar los efectos de la gangrena y la putrefacción resultantes sin tratamiento.
  • A algunos prisioneros se les extrajo quirúrgicamente el estómago y se les ligó el esófago a los intestinos.
  • Partes del cerebro, pulmones, hígado, etc., fueron extirpadas de algunos prisioneros.

Ensayo de armas

  • Se usaron blancos humanos para probar granadas puestas a varias distancias y en diferentes posiciones.
  • Se pusieron a prueba lanzallamas sobre humanos.
  • Personas fueron atadas a postes y usadas como blancos para probar bombas de gérmenes, armas químicas y bombas convencionales.

Experimentos con agentes patógenos

  • Los prisioneros eran inyectados con sueros contaminados con agentes patógenos, aparentando ser vacunas, para estudiar sus efectos.
  • Para investigar las repercusiones de enfermedades de transmisión sexual sin tratamiento, prisioneros masculinos y femeninos fueron deliberadamente infectados con sífilis y gonorrea vía estupro, siendo después estudiados.
  • Los presos eran infestados con pulgas con el fin de adquirir grandes cantidades de pulgas transmisoras a efectos de analizar la viabilidad de una guerra biológica.

Ataques biológicos

  • Parásitos, ropa infectada y provisiones contaminadas fueron lanzadas dentro de bombas sobre varios objetivos. Las resultantes epidemias de cólera, carbunco y peste bubónica fueron responsables de haber matado alrededor de 400.000 chinos.
  • El Escuadrón 731 y sus unidades afiliadas (Escuadrón 1644, Escuadrón 100 etc.), sobrepasaron la fase de "prueba" de armas biológicas y llevaron a cabo ataques biológicos en contra del pueblo chino (tanto civiles como soldados), durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Pulgas infectadas de peste fueron criadas en las instalaciones del laboratorio del Escuadrón 731 y el Escuadrón 1644, siendo diseminadas por aviones sobre localidades chinas habitadas, tal como la ciudad costera de Ningbo en 1940 y la ciudad de Changde en 1941. Este rociado aero-militar resultó en epidemias humanas de peste bubónica que mató a miles de civiles chinos.
  • Tularemia experimentada con civiles chinos Fuente: CDC.gov

Otros experimentos

  • Algunos prisioneros fueron colgados cabeza abajo para observar cuánto tiempo tardarían en asfixiarse.
  • A otros les fue inyectado aire en las arterias para determinar el tiempo que tardaban en mostrar los síntomas iniciales de una embolia.
  • A algunos cautivos se les inyectó orina de caballo dentro de sus riñones.
  • Otros fueron privados de alimentos, agua y sueño para precisar la duración de tiempo hasta la muerte.
  • Otros presos fueron situados dentro de cámaras de vacío hasta que morían.
  • Otros tantos fueron expuestos a temperaturas extremas desarrollando congelamiento, siendo analizado cuánto duraba el cuerpo humano sobreviviendo con tal tormento, además de determinar los efectos de la putrefacción y la gangrena sobre la carne humana.
  • Algunos experimentos fueron realizados para definir la relación entre la temperatura, quemaduras y supervivencia humana.
  • Unos cuantos prisioneros fueron puestos dentro de centrífugas, haciéndolos girar hasta morir.
  • Sangre animal fue inyectada en algunos otros, estudiando los efectos de esta acción.
  • Algunos cautivos fueron irradiados con dosis letales de rayos X.
  • En cámaras de gases fueron probadas varias armas químicas, usando siempre personas.
  • Fueron inyectadas burbujas de aire en el flujo sanguíneo de otros prisioneros para simular una apoplejía.
  • También se inyectó agua de mar en otros tantos cautivos para determinar si podía servir como sustituto de la solución salina.
  • A las madres con bebés las metía en un tanque llenándola de agua observando el comportamiento de la madre (que al principio sostenía al bebé a lo más alto pero luego terminaba pisándolo para no ahogarse ella misma)

Guerra biológica

Los científicos japoneses realizaron pruebas sobre los prisioneros centrándose en torno a la peste bubónica, cólera, viruela, botulismo y otras enfermedades.
Estos experimentos indujeron al desarrollo de la bomba de bacilos defoliantes y la bomba de pulgas, usada para esparcir la peste bubónica. Algunas de estas bombas fueron diseñadas con cuerpos de cerámica (porcelana), una idea propuesta por Ishii en 1938.
Estas bombas posibilitaron a los soldados japoneses el lanzar ataques biológicos, contaminando los cultivos, embalses, manantiales y otras áreas con carbunco, pulgas infectadas de peste, tifoidea, disentería, cólera y otros agentes patógenos mortales.
Además de esto, provisiones de alimentos contaminados y hasta ropa fueron dejados caer desde aeronaves dentro de áreas de China no ocupadas por las fuerzas militares japonesas.

La base del Escuadrón 731 ocupaba seis kilómetros cuadrados y consistía en más de 150 edificios. Las instalaciones fueron muy bien diseñadas, siendo difíciles de destruir. Algunos edificios satelitales del Escuadrón 731 aún existen y están abiertos al público, mientras que en otros funcionan fábricas de diversas empresas chinas.
El complejo contiene en su interior varias fábricas. Allí había alrededor de 4500 recipientes que se utilizaban para criar a las pulgas, seis calderas gigantes para producir diversas substancias químicas y alrededor de 1800 contenedores para producir agentes biológicos. Aproximadamente 30 kilogramos del bacilo de la peste bubónica se podían producir en varios días.
Toneladas de estas armas biológicas (y algunas químicas) fueron almacenadas en varios lugares del noreste de China durante el transcurso de la guerra.
El intento japonés de destruir la evidencia del establecimiento después de ser desintegrado el escuadrón falló debido a que los restos dañaron de vez en cuando a civiles, incluso aún recientemente.
En agosto del 2003 fueron hospitalizadas 29 personas después de que un grupo de constructores de Heilongjiang desenterrara unos proyectiles químicos que habían sido enterrados profundamente en el suelo hace más de cincuenta años.

Sitio de ensayo Anta

Esta era una zona de pruebas al aire libre ubicada a 120 kilómetros de la instalación de Pingfang.

Centro de operaciones Hsinking (Changchung)

El comando central de la “Unidad Wakamatsu” (Escuadrón 100) estaba bajo el mando del veterinario Yujiro Wakamatsu. Esta instalación se dedicó al estudio de vacunas para proteger los recursos animales japoneses y, especialmente, a la guerra biológica veterinaria. Las enfermedades fueron probadas para su uso en contra de los caballos soviéticos y chinos y otros tipos de ganado. Además de estas pruebas, el Escuadrón 100 dirigió una fábrica de bacterias para producir los patógenos requeridos por otras unidades. Las pruebas de sabotaje biológico fueron también gestionadas en este establecimiento: desde venenos hasta destrucción química de las cosechas.

Centro de operaciones Pekín (Peiping)

Ésta era la comandancia del Escuadrón 1855. Era también una rama experimental ubicada en Chinan, Hebei. La peste bubónica y otras enfermedades fueron estudiadas extensivamente en estas instalaciones.

Centro de operaciones Nankín

Esta fue la comandancia de la “Unidad Tama” (Escuadrón 1644). Esta sección condujo proyectos y operaciones comunes con el Escuadrón 731.

Centro de operaciones Guangdong (Cantón)

El cuartel general de la “Unidad Nami” (Escuadrón 8604). Esta instalación encabezó la experimentación sobre privación de alimentos y agua a humanos, así como la transmisión hídrica del tifus. Además, esta instalación sirvió como la principal granja de ratas para aprovisionar a las unidades médicas con los vectores de la peste bubónica para los experimentos.

Centro de operaciones Syonan (Singapur)

Formado en 1942, por Naito Ryoichi, el Escuadrón 9420 tuvo aproximadamente 1000 trabajadores con base en la Universidad Médica Raffles. El escuadrón fue comandado por el General de División Kitagawa Masataka y apoyado por las comandancias meridionales del Ejército Imperial Japonés.
Había dos principales subunidades: la “Unidad Umeoka”, especializada en paludismo, y la “Unidad Kono”, que se ocupaba de la peste. Además de los experimentos con enfermedades, esta instalación sirvió como uno de los principales centros de captura y disección de ratas.

Centro de operaciones Hiroshima

Una fábrica altamente confidencial en la isla Ōkunoshima produjo las armas químicas para las unidades militares y médicas japonesas. Comenzando con la producción de gas mostaza en 1928, la fábrica continuó ligada a la elaboración de armas químicas tales como el fosgeno, la lewisita, y el cianógeno. Durante los años 30, al empeorar la guerra en China, la isla en donde se hallaba la fábrica fue borrada de la mayoría de los mapas para fortalecer la confidencialidad y la seguridad.

Centro de operaciones Manchuria (Escuadrón 200)

Esta unidad fue asociada directamente con el Escuadrón 731 y trabajó principalmente en la investigación de la peste.

Centro de operaciones Manchuria (Escuadrón 571)

Esta sección, con sede desconocida, era otra unidad que trabajó directa y extensivamente con el Escuadrón 731.

Brigadas especiales ambulantes

Fueron unidades especiales guiadas por el hermano mayor de Shiro Ishii y solamente atendido por personal de la ciudad natal de Ishii. Operaron por separado de las organizaciones médicas regulares como investigadores y solucionadores de problemas.

Unidades de operaciones especiales

Unidades con especiales y desconocidas asignaciones en Manchuria y el continente asiático. Se ha insinuado que la investigación nuclear fue dirigida en Manchuria hacia el final de la guerra por esta división.
el día de hoy.
Las operaciones y los experimentos continuaron hasta el final de la guerra. Shirō Ishii deseaba utilizar las armas biológicas en el conflicto del Pacífico desde mayo de 1944, pero sus tentativas fracasaron en varias ocasiones por la pobre formulación de planes y la intervención aliada. Con la invasión rusa de Manchukuo y Mengjiang en agosto de 1945, la unidad tuvo que abandonar su trabajo deprisa. Los miembros y sus familias huyeron a través de Manchuria y China para volver a Japón.
Ishii ordenó a cada integrante del grupo “llevar el secreto hasta la tumba”, amenazando con encontrarles si fallaban e impidiendo a cualquiera que trabajase en puestos públicos en Japón. Fueron repartidas ampolletas con cianuro de potasio, para emplearse en caso de que capturaran al personal restante.
Los encargados de confianza de las tropas japonesas de Ishii dinamitaron las instalaciones en los días finales de la guerra para destruir la evidencia de sus actividades, pero la mayoría estaban tan bien construidas que sobrevivieron un tanto indemnes, quedando como testimonio de lo que sucedió allí.
Después de que Japón se rindiera a los aliados en 1945, Douglas MacArthur se convirtió en comandante supremo de las fuerzas aliadas, reconstruyendo Japón durante la ocupación aliada.
Al final de la guerra, este concedió secretamente inmunidad a los médicos del Escuadrón 731 a cambio de proveer a los Estados Unidos sus datos de investigación sobre la guerra biológica. Los Estados Unidos creían que los datos de la investigación tenían valor porque los aliados nunca procesaron o condenaron públicamente tales experimentos en los seres humanos, debido a la aversión moral y política. Los EEUU. tampoco desearon que otras naciones, como la Unión Soviética, adquirieran los datos sobre armas biológicas, sin mencionar las ventajas militares de tal investigación.
El Tribunal de los crímenes de guerra de Tokio se había enterado solamente a través de una referencia sobre los experimentos japoneses con los “sueros infectados” en civiles chinos. Esto ocurrió en agosto de 1946 y fue denunciado por David Sutton, ayudante del fiscal chino.
El consejero japonés de defensa Michael Levin argumentó que la acusación fue vaga y sin corroboración, siendo anulada por el presidente del tribunal, William Webb, por la carencia de evidencias. El tema no fue investigado más allá por Sutton, que estaba probablemente enterado de las actividades del Escuadrón 731. Se cree que su referencia a esto en el juicio pudo haber sido accidental.
Aunque públicamente silenciado, en el incidente de los juicios de Tokio la Unión Soviética le dio seguimiento al caso y procesó a doce líderes y científicos del Escuadrón 731 y sus unidades filiales: el Escuadrón 1644 en Nankín y el Escuadrón 100 en Changchun, todos en los Juicios de Jabárovsk. Entre esos criminales de guerra se encontraban el general Otozō Yamada, el comandante en jefe de un millón de soldados japoneses que ocupaban Manchuria.
Muchos prisioneros de guerra soviéticos capturados por Japón y civiles rusos, incluyendo mujeres y niños, fueron asesinados en experimentos químicos y biológicos del Escuadrón 731, junto con chinos, coreanos, mongoles y cautivos de otras nacionalidades. El juicio de los autores japoneses que fueron capturados fue llevado a cabo en la ciudad de Jabárovsk, en el Extremo Oriente ruso cerca de la frontera con China nor-oriental, en diciembre de 1949. Una transcripción parcial muy larga de los procedimientos del juicio fue publicada en diversos lenguajes el año siguiente por una agencia periodística moscovita en idiomas extranjeros, incluyendo una edición en inglés: Materials on the Trial of Former Servicemen of the Japanese Army Charged with Manufacturing and Employing Bacteriological Weapons (Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1950). Este libro sigue siendo un recurso invaluable para los historiadores sobre la organización y las actividades de los intentos de guerra biológica. Curiosamente, ninguna de las ediciones en idiomas extranjeros de este libro tenían algún dato sobre su número de tiraje - solamente la edición rusa dice que cerca de 50.000 copias fueron publicadas. El abogado que llevaba el caso en los juicios de Jabárovsk fue Lev Smirnov, que había sido uno de los querellantes soviéticos de los juicios de Núremberg contra los doctores nazis que habían cometido atrocidades humanas en experimentaciones similares en los campos de exterminio como Auschwitz y Dachau.
Los galenos y oficiales del Ejército Imperial Japonés que habían perpetrado las atrocidades del Escuadrón 731 recibieron sentencias de 2 a 25 años de reclusión en campamentos de trabajo, por parte de la corte de Jabárovsk. Todos los médicos consigueron la amnistía.

DOCUMENTAL DEL ESCUADRON 731